Cosas imposibles
Mi biblioteca está desordenada porque dejé que mi hija sacara los libros de los estantes de abajo cuando empezó a poder pararse sobre sus dos pies. Me pareció mejor así, que cuando quisiera agarrar un libro pudiera hacerlo, aun ¿que se perdiera el orden que le había dado.
Estaba muy contento de tener mi biblioteca de vuelta y tan correctamente ordenada, porque durante mucho tiempo estuve separado de mis libros. Después nos mudamos a esta casa y los ordené todos. Ahora, además de volver a ponerlos en su lugar, tengo que poner más estantes. Pero no tengo tiempo. O cuando tengo tiempo, no tengo ganas. Y así estamos: mi hija sigue sacando cada tanto algún libro y lo mira y a veces me lo da a mí para que lo lea. Varias veces me hace entrar en libros que hace rato no leo, o que apenas leí.
Pero mi escritorio... la verdad que yo mismo lo veo y no entiendo cómo puede estar tan enquilombado. El único espacio de mi vida en que había logrado mantener un orden era mi biblioteca. Siempre fui muy desordenado. Cuando era chico mi vieja me mandó a ordenar mi pieza y yo le contesté: "Una habitación ordenada es sinónimo de una mente vacía". A ella la impresionó mi réplica. Todavía se acuerda. Yo la había escuchado el día anterior en no sé qué película o serie.
Mi mujer ya se resignó a que periódicamente mi escritorio, que está al lado del suyo, se vuelva un caos de papeles y libros sobre los que se acumula el polvo. Ahora estoy batiendo mi récord de no ordenarlo. Creo que van ya seis meses desde la última vez. Pero dos o tres semanas después de sacar todas las cosas que no sirven, ubicar todo en su lugar y pasar un trapo, nunca entiendo cómo es que vuelve a desordenarse.
Cuando recién nos mudamos ella se quejaba más y yo le dije alguna vez que podía sacarlo de acá y ponerlo en otro lado, así ella no tiene que verlo. Pero ella quiere que mi escritorio esté al lado del suyo y que lo mantenga ordenado. Debe ser por eso que vivo con ella: aunque queremos cosas diferentes, los dos queremos cosas imposibles.
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