Ridi
El otro día me sentí rarísimo porque alguien me trató bien. Alguien que no era ni mi madre ni mi mujer ni mi mejor amigo. Se sintió raro no solo porque vino de una persona a la que apenas conozco (ni sé su nombre), sino porque fue en una situación en la que no es usual que alguien te trate bien.
Acostumbrado a estar replegado, sometido a la ley, no supe cómo reaccionar a que alguien abriera una instancia de reconocimiento mutuo por fuera, en un margen. No estoy hablando de nada transgresor, más bien de algo "inocente" en el sentido de indiferente o inocuo. No, no es esa la palabra. En fin. Detecté inconscientemente lo que había sucedido, pero estaba apurado y de mal humor, así que traté de no ser muy descortés ni decir nada fuera de lugar, pagué lo que debía y me fui a otro mostrador, donde encontré la acostumbrada mirada de desprecio que suelo recibir en este pueblo, en pago por mi descortesía y mi mal humor de otras veces.
No estoy afirmando nada, ni niego. Solo intento describir con precisión una observación que hice sin darme cuenta y que ahora a las 12 y media de la noche me vino a rondar en la cabeza para desvelarme. Últimamente esta voz llega solo en momentos inconvenientes. Cuando eso pasa, estoy tratando de ponerme a escribir para que no se pudra ese hilo. Así que acá estoy brindándole a Google esta información acerca de mi mente. Y a ustedes. Debo confiar en que sabrán utilizarla con prudencia. Y si no confío igual tengo que escribir, por más ridículo que sea. Para que no se pudra el humor, supongo.
Pero ridículo no es la palabra porque significa que da risa ("riiiidi, pagliaccio!"). Y más bien da lástima, como el pan que no se vende y la harina que no se amasa.
Pagliaccio: payaso. Así se llama en este pueblo la empresa que se ocupa de poner a los muertos en un cajón y llevarlos al cementerio. Aunque en mi casa esa lengua era la materna, (a la otra, esta, siempre se la habló por mandato del Estado) recién cuando volví a vivir acá después de tantos años entendí la ironía. Alguien que no era la muerte también se nos reía en la cara. Lo digo porque los dueños tienen que haberse dado cuenta ¿o no? Aunque quizás no haya habido mala intención de su parte, no le pusieron ese nombre porque querían reírse de la gente de este pueblo. Es increíble lo indiferente que le puede resultar a las personas el significado de una palabra. Aunque, pensándolo bien, eso se puede decir solo cuando se piensa en las palabras a las que uno le da importancia. Porque no se puede sopesar cada palabra. Una por una. Y decir: esta sí, esta no. No se puede todo el tiempo estar atento. Y la muerte se nos ríe en la cara.
Riamos nosotros también entonces.
Buenas noches.
Ingeniero Huergo 10/06/2023
Comentarios
Publicar un comentario